Exportar los Pecados
Sobre Europa y su tradición de socializar atrocidades
8/9/20269 min read
Cada año se entregan los llamados Nobel de la Paz organizados desde un comité noruego. Premio que lo ha conseguido hasta el mismo Kissinger. También encontramos la corte internacional de derechos humanos en La Haya donde no se ha juzgado ninguna atrocidad de USA pero se ha perseguido a esos dictadores que ya han dejado de ser funcionales al norte global. Marketing, publicidad, propaganda, retórica y narrativas, Europa se auto-proclama la reserva moral del planeta.
Pero hablemos de exportaciones, exportación de problemas en particular. Para ello debemos atender procesos de los últimos cien años, de manera escueta, para comprender algunos de los más graves eventos del presente.
Recuérdese la “Gran Guerra”, la primera guerra mundial entre 1914-1918, que vino a “terminar con todas las guerras”. Se intentó declarar el fin de los conflictos. En vista de la masacre, las atrocidades, el sufrimiento y la capacidad de auto-destrucción se deseó comprender que no se volvería a “repetir la historia”.
Al finalizar la primera guerra mundial, Alemania sería reducida a acatar el “Tratado de Versalles”, un acuerdo que pondría limitaciones territoriales (tendría que entregar territorios que antes de la guerra eran alemanes), forzaba reparaciones económicas (Alemania compensará a los vencedores de la guerra) y otras cláusulas que afirmaban que les correspondía toda la responsabilidad de la guerra. En definitiva, los vencedores pusieron un yugo sobre los alemanes, los humillaron y, como dice el dicho “to the victor goes the spoils” (“el botín de guerra para los vencedores”).
Pasando por encima de muchos eventos aquí, principalmente que un problema europeo se convierta en un problema “mundial”. Como ejemplo, alrededor de 1.3 millones de soldados indios (en entonces colonia británica) participaron en la Primera Guerra Mundial. He aquí sólo uno de los detalles de esa socialización de sus propios problemas y cómo se explotan los recursos del sur global para … subsanarlos(?).
Lo que aquel Tratado de Versalles fomenta es el sentimiento de opresión y humillación dentro del pueblo alemán. Aquí no intento poner en tela de juicio la ética y moral del acuerdo sino los resultados. Alemania acumulo deuda, inflación, opresión económica, apatía social y odio contra los bandos ganadores. Es por tal razón que el nazismo prosperó mediante ese ofrecimiento de “hacer Alemania grande de nuevo”, volver a las raíces de la grandeza del imperio y de su nación superior. Todo ese compendió de elementos que ensalzan a una nación aplacada por la angustia, nihilismo y rencor.
La retórica de esa preparación para la Segunda Guerra Mundial, por parte del nazismo, no fue contra sus previos enemigos (como Francia o Inglaterra). Tal cosa hubiera sido poco táctica y de poco tacto. Pero si fue útil apelar a esa limpieza interna contra el pueblo judío. Así es como surge en gran medida la expulsión de los judíos (alemanes y extranjeros) del territorio alemán y con el tiempo da paso a “la solución final”. El odio para contra tal grupo étnico, tal nación, tal religión o tal arquetipo como un envase en el cual podemos volcar el odio acumulado.
Llegamos aquí al primer punto que quiero proponer: el trauma de las naciones vive, continúa y se manifiesta en el tiempo. En este caso la humillación y yugo impuesto sobre el pueblo alemán (merecido o no o más o menos) perdura para ofrecer una contra-reacción. Como si ésto fuera una función física donde una fuerza recibe una contra-fuerza. Hay un trauma nacional que “demanda” ser volcado y exige compensación.
Repito entonces que ese trauma de la nación alemana buscaba ser volcado en algo o alguien. Lo que el aparato del nazismo hizo es ofrecer mecanismos y objetivos para volcar esas emociones reprimidas que vivían en toda la nación alemana. Especialmente teniendo en cuenta que no se pueden volcar sobre potencias de manera al azar sino que hay que buscar “objetivos” accesibles. De tal manera se apuntan a las minorías, se segmenta la sociedad, se generan diferencias de “casta” o categoría de ciudadanos superiores e inferiores. Así se elabora toda la narrativa desde la cual la nación “debe limpiarse primero desde adentro” y cosas por el estilo que ofrecen la capacidad de construir progresivamente sin declarar una guerra abiertamente (sin mostrar las cartas).
A partir de 1933 los derechos de los judíos fueron recortados: no podían participar de la administración pública y tendrían problemas para estudiar en las universidades o ejercer profesiones. Para 1935 las “Leyes de Nuremberg” habrían de impedir el matrimonio entre “alemanes” y “judíos” así como también se los redujo a un estrato inferior dentro de Alemania (no eran ciudadanos sino sujetos que habitaban el territorio).
De ésto hay mucho más pero lo importante es señalar el traspaso del rencor por la Primera Guerra Mundial (la humillación, la situación económica y el flagelo del perdedor de la guerra) para contra un grupo y que sirve para aglutinar el “espíritu alemán”. En otras palabras, el compendio de mecanismos que el nazismo ofrecía a la nación alemana permitieron volcar ese odio y rencor, independientemente de “hacia dónde” o “hacia quién” es el hecho de poder “descargar/volcar” esa ira acumulada en algún “otro”.
Para cuando la guerra es declarada, en 1939, ya toda la nación estaba consumida por el odio, la discriminación, el racismo, la xenofobia y el aparato/sistema mismo que les permitía expresar todo ésto.
Punto número dos: esas emociones, traumas de las naciones, que perduran en el tiempo y atraviesan generaciones no requieren de por sí ser volcados en una dirección “justa” o siquiera compensatoria para quienes “han cometido la ofensa”. Si bien este punto es difícil de dirimir por sus componentes morales y éticos que se amalgaman en esos temas de justicias y guerras (donde nada queda impoluto), es que se prueba importante observar que antes que un concepto es que esos traumas históricos de las naciones buscan salir a manifestarse. Es decir, aquel que haya cometido una ofensa o desde donde surge la raíz de ella ya se ha desvanecido, lo que perdura es el odio y resentimiento que busca manifestarse y como tal solo requiere un objetivo (un “otro”) sobre el cual operar/oprimir.
Hemos de conectar todo ésto con el subtítulo de éste texto “la exportación de los problemas”. Porque si bien el nazismo alemán recurrió a la “solución final” es que al principio del programa de “limpieza” de su nación fue que se apoyó y forzó a reubicar a la población judía fuera de Alemania y promoviendo el proyecto zionista.
He aquí que las organizaciones judías en alemania y los territorios ocupados luego de comenzada la guerra forzaban la venta de las propiedades judías, a la vez de promover un territorio judío para ese pueblo en lo que sería Israel.
Si bien mucho se puede decir de este proceso es que aquí sólo quiero destacar la “exportación de los problemas”, no en referencia a la comunidad judía, sino al odio que se volcó sobre esa comunidad y fue arrastrado hasta Israel. No es solo aquellos que han logrado escapar siendo forzados a vender todo lo que tenían y abandonar su vida en Europa, también quienes han perdido a sus familiares como también aquellos que lograron sobrevivir a los campos de exterminio y fueron “reubicados” en Israel. El hecho es que todo ese sufrimiento, con tantas aristas y desde tantos ángulos (material y social) se volvió la carga de la comunidad judía reubicada en Israel.
Si miramos con algo de distancia el encadenamiento de estos procesos: en la primera parte del siglo XX el Imperio Alemán se vio degradado, humillado y subyugado dando paso a un proceso en el cual, a fin de recuperar “la gloria perdida”, se buscó oprimir, degradar y subyugar a otro pueblo/nación. Coronando este último proceso con la Segunda Guerra Mundial y el genocidio.
Al final de la Segunda Guerra Mundial los poderes aliados tomaron otro tipo de consideraciones sobre el problema de Alemania. Digamos que “aprendieron” del proceso anterior y se tomaron otras posturas para no continuar los rencores entre naciones que puedan desatar otra masacre que fuera a diezmar, una vez más, a Europa.
Pero si bien los “ganadores” como la Unión Soviética y los aliados podían, en algún aspecto, regocijarse en ser los vencedores y “liberadores” de Europa (aún cuando, por ejemplo por parte de la Unión Soviética murieron 27 millones de personas en la guerra) es el pueblo judío, y el proyecto zionista, quién carece de su “pound of flesh” (libra de carne).
El resarcimiento al cual refiero es en parte abstracto, es el atesoramiento de la voluntad y narrativa que construye el vencedor. Como en el caso de la URSS o USA es que se construye la idea de “liberadores de Europa”, de cómo han vencido al “mal” y demás. Los caídos se vuelven mártires de la libertad, la verdad, la justicia, Dios, etc. etc.
Es de tal manera que el pueblo judío, reubicado forzosamente o “por su bien”, termina sin construír ninguna narrativa de victoria. Solo queda el exterminio y un pueblo víctima de un odio heredado de un proceso anterior (esa tensión entre imperios europeos).
Pero Europa entendió que no le es conveniente repetir lo que fue el Tratado de Versalles y por ende todo el grupo de judíos europeos (Eskenazi) fueron reubicados en la nueva partición de Estados que se le antojo a las potencias, creando Israel.
Siguiendo la misma lógica de ese trauma de Estado-Nación, es que el rencor y el sufrimiento que los alemanes impusieron sobre ese pueblo judío de Europa, ahora desplazado del continente, extranjerizado para que el Estado-Nación de Israel tenga carta blanca en Palestina/Gaza. Porque si hubiera algún tipo de justicia es que se hubiera demandado un ojo por ojo, la sangre de aquellos que causaron efectivamente el genocidio del pueblo judío, pero tal cosa no era/es conveniente para el norte global (Norte de America y Europa).
Véase entonces que desde el nazismo alemán se fomento la expulsión y relocación de la comunidad judía, apoyando el proyecto zionista (a efectos de sustraer el capital de la población judía en Europa y financiar la guerra, a la vez creando la narrativa del enemigo que nos rodea y que se debe “sanear” el territorio), pero también luego de la Segunda Guerra y el Genocidio del pueblo judío en Europa es que se apoya el proyecto zionista a efectos de que no se repita la historia: que no vuelva ese odio, engendrado y promocionado en Europa, contra si mismo.
Es así como lo que fue la sed de venganza del pueblo alemán, al ser humillado en la Gran Guerra, se volvió contra un pueblo en particular (sumado a los grupos de gitanos, discapacitados y minorías que no se incluían dentro de la pureza de raza del nazismo alemán). Es así también como la humillación y genocidio perpetrado contra el pueblo judio, desplazado a un nuevo territorio en medio oriente, se volvió sed de venganza y a la vez que con el anterior ejemplo se vierte sobre un grupo que nada ha tenido que ver con el trauma original.
La deuda alemana con el pueblo judío se utiliza en el proyecto zionista y así apaña cualquier tipo de derramamiento de sangre, a sabiendas de que es mejor que alguien más ponga la sangre, que otro pueblo/nación sea el amortiguador o receptor de esa sed de venganza que, de ser mínimamente coherente, debiera de caer sobre el pueblo alemán.
Punto número tres: desde Europa se impone hacia el sur global una retórica sumamente cristiana que acompaña los elementos más naïve. Se supone que aquel que ha sufrido comprende que el mal que se le ha hecho es injusto y por ende tendrá empatía para con los otros y no les hará lo mismo. En otras palabras, la suposición es que una nación que ha sufrido un tratamiento inhumano no habrá de tratar a otras naciones/grupos de manera inhumana, asumiendo que se produce una suerte de revelación o epifanía del espíritu cristiano, el perdón, la compasión y el amor.
Véase entonces que todo tipo de proyecto de subsanar un error europeo, por parte de las naciones de Europa, habrá de ser socializado para con la humanidad entera y así se habrá de mitigar el daño para con su imagen de reserva moral del mundo.
¿Son estas naciones del norte que ofrecen teorías filosóficas modernas? Movimientos sociales liberadores? Dirimen las discusiones sobre racismo y xenofóbia? Ofrecen sermones al sur global?
Considero que toda teoría filosófica ofrecida desde el norte global, especialmente en nuestro momento presente, debe ser descartada a efectos de construir nueva teoría social desde el sur. Sea el movimiento progresista, “woke”, evangelista, posmoderno y demás elementos que se importan desde el norte es que todos vuelven sobre la autoridad de los colonizadores e imperios a determinar el bien y el orden. Toda lógica que venga del norte habrá de acrecentar el poder del norte, no hay buena fe y no hay teoría de liberación que puedan ofrecer porque ello siempre irá en contra de sus beneficios.